La Fiebre del Nilo genera el pánico ecuestre y agota las vacunas

En sólo un mes las muertes causadas por el virus africano ascienden a una decena en la provincia de Cádiz, a pesar de que son más de mil los equinos susceptibles de desarrollarla
01.10.2010

El flavivirus cobra especial virulencia en las zonas en las que los caballos están en contacto con el agua.
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El virus de la Fiebre del Nilo Occidental, conocido científicamente como flavivirus, se ha extendido más entre los propietarios de caballos y yeguas de la provincia de Cádiz que entre los propios equinos. Esta es la conclusión general a la que ha llegado el colectivo veterinario después de vigilar la evolución de la enfermedad. Veterinarios consultados por este periódico subrayan que el miedo generado desde la primera picadura de mosquito portador del virus, hace ahora un mes, es lógico y que hay que mantener la prudencia. "Nos encontramos ante una enfermedad desconocida para nosotros y es normal que la familia ecuestre se angustie, pero si se hace un estudio epidemiológico de la evolución de la enfermedad encontramos que el número de muertes de caballos en proporción a los análisis realizados con resultados positivos es muy escaso, muy inferior a las muertes por trastornos gastrointestinales, los cólicos", matizó ayer el veterinario de una prestigiosa ganadería, que además avanzó que ninguno de sus animales va a ser vacunado de la enfermedad.

El caso es que la Fiebre del Nilo Occidental asusta de entrada por su nombre. La primera referencia histórica que existe de este virus data de 1937 y se localiza en Uganda, África. El virus se extendió por la margen occidental del río Nilo hacia Egipto, donde se instaló durante la década de los años cincuenta. Posteriormente, el virus, que se hospeda principalmente en el torrente sanguíneo de aves, reptiles, anfibios, mosquitos y garrapatas, viajó hasta Estados Unidos (probablemente de polizón en los movimientos migratorios de los pájaros) y fue en el continente americano donde se propagó a gran escala en la década de los noventa de norte a sur, sin discriminar a Canadá, México y América del Sur. Además, la Fiebre del Nilo Occidental aterrizó en Francia a principios del siglo XXI y es justamente a finales de la primera década del presente siglo cuando el virus ha hecho acto de presencia en España. El foco de entrada en España se ha localizado hace exactamente un mes en una explotación ganadera de Las Pachecas, en Jerez, y se habla de que en un mes las muertes de caballos causadas por el flavivirus ha alcanzado la decena (la mayoría de los casos en zonas cercanas a humedales, marismas, pantanos o aguas estancadas), a pesar de que el número de animales susceptibles de desarrollar la enfermedad asciende a más de mil. Es decir, para los veterinarios, enfermedades como los cólicos o la rinoneumonitis son "muchísimo más letales" que el virus africano.

El virus de la Fiebre del Nilo Occidental pertenece a la familia de los virus causantes de la encefalitis japonesa o la Fiebre Amarilla y una vez instalado en la sangre sus efectos solo se pueden paliar con tratamiento de apoyo a través de antibióticos o corticoides. El caso es que no siempre la enfermedad se desarrolla y tampoco es siempre causa de muerte si el animal desarrolla la enfermedad. Es decir, si en una explotación ganadera un caballo arroja síntomas como pérdida de apetito, tristeza, apatía o falta de coordinación en sus extremidades, el propietario debe ponerse en contacto con el veterinario y éste con los técnicos de la Oficina Comarcal Agraria para verificar la existencia del virus en los análisis de sangre. En caso positivo, todos los animales de esa explotación son susceptibles de padecer o desarrollar la enfermedad, pero en ningún caso se puede hablar de futuras muertes. "La enfermedad no se contagia de caballo a caballo. Y tampoco está demostrado que se hayan contagiado varios caballos a los que ha picado un mismo mosquito portador del virus".

Así pues, lo más sensato es mantener las medidas de control que alberga el sentido común, como el control de la población de insectos a través de repelentes e insecticidas, evitar la exposición de animales en el crepúsculo del día y, de manera voluntaria, vacunar a los caballos contra el virus de la Fiebre del Nilo, aunque en estos momentos la dosis está agotada. "En tres semanas no tenemos ni moscas ni mosquitos. Cada uno que haga lo que quiera pero la vacuna consta de dos dosis, la segunda es recordatorio y hay que ponerla cuando ya esté instalado prácticamente el frío, cuando ya no haya mosquitos. No tiene mucho sentido", apuntó el veterinario consultado sobre esta enfermedad estacional.
http://www.diariodejerez.es

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