Volteo: Elegancia y agilidad sobre el caballo (Ecuador)

La volteadora Rafaela Garcés realiza la maniobra conocida como la bandera. Foto: Carlos Pozo/ El Telégrafo


Fuente: www.eltelegrafo.com.ec

En el Rancho San Francisco se entrenan las acróbatas que realizan maniobras elaboradas sobre el lomo de las yeguas.


Sobre los grandes ojos de la yegua Perla Negra se refleja el sol y las nubes de la tarde quiteña. Aguarda con paciencia atada a un poste que las niñas de la escuela de volteo lleguen para empezar a realizar maniobras sobre su lomo azabache.


El vaulting (en español volteo) está definido como un deporte ecuestre, en el que se realiza gimnasia sobre un caballo que galopa en círculo, guiado por un conductor de cuerda que se ubica en el centro.


Al ser una actividad en la que se practican gimnasia y monta a caballo, la concentración y confianza con el animal es vital para realizar las mejores y más complicadas acrobacias sobre su dorso.


”Trabajas con un animal, por lo que tienes que ser un binomio con el caballo y además estar conectado con el director de cuerda“, comentó María Francisca Guarderas, instructora de este deporte en el Club Rancho San Francisco desde hace un año y medio.


La escuela ubicada en el Valle de Cumbayá, nororiente de Quito, tiene más de diez años en el club y durante las tardes de los martes y jueves acuden volteadoras de entre 4 y 17 años, para practicar y ganar agilidad sobre sus caballos. ”La disciplina es muy importante. No es solo la actividad de la tarde“, añadió Guarderas.


Juegan y ríen entra ellas con esa inocencia natural de la niñez, que hace que nada las perturbe. La hora de la clase llega y las seis niñas se juntan para saltar a la cancha (especie de corral de tierra con forma circular).


Primero el calentamiento. William Navarrete es el preparador físico y también instructor de gimnasia. ”Las manos a la altura de los hombros, tienes que intentar más, vamos que sí puedes“, son algunas de las frases que les repite a sus alumnas, mientras las hábiles pequeñas intentan pararse de cabeza sobre una colchoneta verde.


Las más experimentadas del grupo son Paulina Martínez y Carla Martínez, pero se encuentran de viaje. Están en Alemania perfeccionándose en un centro especial de vaulting.


Ellas fueron las primeras representantes ecuatorianas en un campeonato mundial que se realizó el año pasado en Kentucky y lograron buenos resultados.


”Paulina y Carla necesitan una preparación más constante si quieren lograr cosas más grandes en el volteo“, subrayó la instructora.
Bárbara Mora, Manuela Martínez, Cristina Lobo, Rafaela Garcés, María Emilia Andrade y Victoria Landázuri pasan una por una haciendo los ejercicios y a pocos metros esperan con ansias montar a Perla Negra, que parece observarlas detenidamente.


Ejercicios sobre un trampolín complementan el calentamiento previo y después es la hora de los movimientos sobre el equino, que luce unas vendas rojas sobre sus patas. ”El carácter de los caballos debe ser tranquilo, por eso se los somete a un entrenamiento previo para que sean idóneos para el volteo. El galope debe tener ritmo“, aseguró Guarderas.


La primera en subir a Perla Negra es Rafaela, quien ha tenido la oportunidad de salir al exterior a realizar una clínica en Los Ángeles (Estados Unidos). La confianza que ha logrado entablar con el caballo es muy importante para obtener éxito, por lo que ella siempre primero acaricia su yegua.


María Francisca da el ritmo con el sonido de sus labios, para que el galope de Perla Negra sea parejo. ”Rafa“, como todos la conocen, corre junto a la yegua y de inmediato sube a su lomo con una sola maniobra.


Después de algunos ajustes empieza a realizar movimientos como la media bandera, el príncipe, arrodillada manos libres o parada manos libres. ”Hay algunos ejercicios que no son obligatorios, pero son muy complicados, como la media luna“, señala Rafaela sobre el movimiento que consiste en partir desde el cuello, efectuar una media vuelta y caer en el lomo del animal.


”A mí me gusta más Kaiser, porque la Perla Negra es un poco más grande y yo soy chiquita“, dijo Manuela Martínez, que a sus 7 años practica el deporte desde hace 4.


Desde la más grande hasta la más pequeña hacen maniobras sobre el caballo. Incluso Cristina, de solo seis. ”Luego de que las principiantes ganan confianza con el caballo, les damos ejercicios simples“, explica Guarderas.


Cristina, en medio de su timidez, no duda en subir al caballo, ni tampoco en hacer gimnasia sobre la colchoneta. No recuerda el tiempo que lleva en la escuela, pero siempre demuestra ganas por aprender más.


Las risas, las caras de felicidad o seriedad, dependiendo de si se consigue la maniobra anhelada o no, se repetirán la próxima semana en el Rancho San Francisco. El compromiso para hacer de la persona y el animal un solo ente está dado y las pequeñas volteadoras lo asumen todos los días.


Andrés Granizo Morejón
andres.granizo@telegrafo.com.ec
Reportero - Quito

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