Elegancia hasta para ayudar.

La relación entre los pacientes y los caballos es muy estrecha, casi familiar.R.SERRALLÉ

Fuente: www.latribunadealbacete.es
Por: K.ORTIZ

Cuando un caballo camina, lo hace de forma tridimensional, realizando un masaje especial y beneficioso para el jinete

La ayuda que los seres humanos podemos recibir de los animales es cada vez más importante y mejor valorada por expertos en medicina e investigadores. Hace poco el Colegio de Médicos de Madrid, a través de un artículo, instaba a la utilización de mascotas como parte de terapias para distintos casos médicos, pero esto no viene de ahora, desde hace muchos años se utiliza la terapia asistida con animales para mejorar la calidad de vida de los pacientes...

La equinoterapia es una de las terapias con animales más utilizadas, y en Albacete, uno de los lugares donde se puede realizar este tipo de actividad es el Centro Ecuestre El Cortijo. Allí conocimos varias historias que queremos contar, aunque antes hablamos con quiénes imparten estas terapias. Mónica Navarro Expósito es la directora del Centro Ecuestre El Cortijo, además, es profesora de equinoterapia y monitora de terapias ecuestres, «la idea de realizar este tipo de terapias nació hace cinco años para brindarla posibilidad a las personas que tienen problemas de poder montar a caballo». Mónica Navarro también comentó que las personas que practican la equinoterapia «están muy contentas porque les ayuda tanto física como psicológicamente. La pena es que no tengamos más ayudas para poder atender a más gente».

Actualmente, El Cortijo cuenta con tres caballos para este tipo de terapias, ya que requieren de unas características especiales, «tienen que tener un carácter extraordinario, no deben ser caballos jóvenes, con una estatura media y muy redondos, y es mejor que sean yeguas o caballos castrados». Además de las condiciones del animal, la profesora de equinoterapia tiene que trabajar muchas horas y enseñarle los movimientos para que pueda ser montado, «tardamos alrededor de unos seis a ocho meses en entrenar un animal para este tipo de terapias».

Para la equinoterapia también cuentan con una fisioterapeuta, que es especialista en terapias asistidas con animales, se llama Rosa Ruiz y señala que «hay muy buenos resultados con la equinoterapia porque complementan, apoyan e impulsan las terapias convencionales». Asimismo, señala que la complicidad y la motivación que tienen con el animal les hace avanzar, «éste es un hecho objetivo que nadie puede negar, aparte de las cualidades que tiene el caballo respecto a la marcha, a nivel neuromuscular, de transmisión de temperatura al paciente o los pulsos que emite a la pelvis y de allí se transmiten a la columna vertebral y la cabeza; todo esto está estudiado y es algo tangible y objetivo». Tanto Mónica como Rosa, cuentan con el apoyo de Daniel Hristov, un auxiliar y experto jinete, «que tiene una gran dedicación y complicidad con los pacientes», puntualizó Mónica.

tipos de terapia. La equinoterapia está dividida en tres tipos: la hipoterapia, que consiste en aprovechar los principios terapéuticos del caballo para tratar a personas con discapacidades físicas. Se basa en aspectos como la transmisión del calor corporal del cuerpo del caballo a la persona, la de impulsos rítmicos y el movimiento tridimensional. «En este tipo de terapias el paciente necesita ayuda de varias personas, entre fisioterapeuta, ayudante, monitor de terapia y auxiliar».

La equitación terapéutica busca a través del contacto con el caballo la motivación que este genera, intenta buscar diversas soluciones a los problemas de aprendizaje y adaptación que presentan las personas afectadas por alguna discapacidad, partiendo siempre de la posibilidad de educabilidad. Aumenta la motivación, estimula la afectividad, mejora la atención y concentración, estimula la sensibilidad táctil, visual, auditiva y olfativa, ayuda al aprendizaje pautado de acciones y aumenta la capacidad de independencia. Mientras que la equitación adaptada, que está dirigida a aquellas personas que practican la equitación como una opción lúdica o deportiva, pero que por su discapacidad precisan adaptaciones para acceder al caballo. Y por último, el volteo terapéutico, una disciplina ecuestre que consiste en hacer ejercicios de gimnasia sobre el dorso del caballo, se monta solo con una manta y un cinchuelo con asas diseñado para ello. «En esta terapia se trabaja mucho con niños».

personas especiales. Estas alternativas terapéuticas están dirigidas a personas con afecciones físicas como parálisis cerebral, distrofia muscular, hipotonía muscular, amputaciones, paraplejía, biplejía, también patologías como hipersensibilidad sensorial, trastornos auditivos, visuales, sensoriales, Síndrome de Down, autismo, deficiencia mental, déficit de atención, entre otras.

Javier Herreros tiene 37 años y con tan sólo tres años fue atropellado por un camión y perdió las dos piernas, practica equinoterapia desde hace cuatro años. «Dentro de mi discapacidad me ha servido para coger bastante movilidad y sobre todo para poner en marcha algunos músculos que no utilizaba. Ahora mismo la yegua son mis piernas y puedo disfrutar del campo de una manera increíble». Javier es una persona que despliega una gran fortaleza mental, que ha conseguido llevar una vida normal, está casado y ha formado una familia, él recomienda la equinoterapia «porque cuando estas encima de un caballo, desconectas, te olvidas de los problemas y sólo disfrutas». Javier cuenta con experiencia y conoce un poco la doma clásica y vaquera.

El caso de Encarnación Pérez Palacios, conocida por su familia como Nani, es el de un bebé atrapado en el cuerpo de una mujer de 29 años. Nani sufre de una encelopatía muy grave producida por falta de oxígeno al nacer. «Cuando Nani se monta al caballo está todo el tiempo sonriendo, la estimulación que recibe es muy buena para su sicomotricidad», comenta su madre.

Jordi tiene 35 años y sufre de traumatismo craneoencefálico causado por un accidente de tráfico, que lo postró en una silla de ruedas y es otra de las personas que asiste a las clases. Por último, el caso de Cristina Landete, una vivaz niña de cuatro años, que está ciega por complicaciones en el parto al ser prematura. «Cristina disfruta mucho montando a caballo, le ha ayudado en la psicomotricidad y también en el habla», comenta su madre.

Estos son algunos casos que demuestra la gran ayuda que nos brindan los animales desinteresadamente y sin darse cuenta.

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