Apadrinando


Fuente: www.lavozdetandil.com.ar
Rincón Tradicionalista por Ernesto R. Sangineto

“Un país que no respeta sus costumbres y tradiciones condena a muerte su nacionalidad”

“Lindo pa’ mi silla” dice el genial Florencio Molina Campos en esta lámina de su autoría que acompaña esta nota, donde se ve al domador “sacándole el veneno” a un gateado, bajo la atenta mirada del apadrinador que observa la escena listo para ayudar al jinete si el potro tomara una dirección con riesgo para el mismo, atropellando algún obstáculo, cosa muy común en el bagual que aún no obedece a la rienda o algún alambrado o planta y hasta querer alejarse en un desesperado galope de las casas, en su tremenda sorpresa al ser montado por primera vez. Todo esto es anticipado por el “padrino”, hombre generalmente muy conocedor de la ciencia gaucha, que conoce todos los gestos y reacciones de un potro y da acompañando en su tarea al que monta, el apoyo y seguridad necesaria ante un animal que defiende su lomo y galopa o corcovea enceguecido.
El padrino seguirá a cierta distancia al domador ayudándolo a dirigir al potro, hasta que este se hace conocedor de los gestos que se le transmiten con la mano o el rebenque volviendo cuando ya está entregado, sudado y nervioso a los corrales, donde se lo soltará por unos días, para continuar luego su enseñanza que lo convertirá en un buen caballo de trabajo o para la silla de algún paisano que ha requerido los servicios del domador para lucir un buen montado.

Hoy, esta semblanza que he hecho sobre la tarea del apadrinador, va quedando un poco en desuso al haber adoptado muchos domadores lo que se ha dado en llamar “doma racional” o “inteligente”, donde al animal se lo trabaja en corrales redondos a base de paciencia y “doma de abajo” haciéndole conocer las sogas de a pie y aflojando su cogote para que de rienda con sogas largas tomadas del freno, filete o bocado según el gusto del que doma, que actúan como extensos comandos que hacen que el animal vuelque, avance o retroceda hacia el lugar requerido.

Como verán en este tipo de doma, tan en boga y efectiva a la vez, la presencia del apadrinador es prácticamente innecesaria y solo se lo ve mayoritariamente en las jineteadas, cuando en un galope furioso asiste a los montadores, sacándolos a tiempo del lomo del reservado, cuando suena la campana del tiempo cumplido, evitando de esa manera esfuerzos o golpes, la mayor parte de las veces poco menos que salvando la vida del jinete en algún cruce o dando un caballazo a tiempo, cuando el montador cae o queda prendido de un estribo o alguna espuela se engancha en las garras y ahí está él, siempre atento a cubrir los riesgos que corre el que monta.

Hombre muy de a caballo, con un inmenso sentido del equilibrio, fuerza en los brazos para manejar su caballo y a la vez sacar del lomo del bellaco al jinete. Poseedor de un gran sentido de ubicación en el campo de doma para anticiparse a los movimientos del jinete y caballo y ni que hablar de la presentación de sus montados siempre sobresalientes y arreglados como para un desfile.

La labor del apadrinador ha sido y es, una de las tareas más gauchas que han tenido nuestras pampas, siempre ligada al trabajo con baguales que fueron y son el sueño y desvelo de los verdaderos camperos. Una profesión que estará siempre en manos de auténtica gente de a caballo que son referentes de las más pura tradición argentina.

Bueno amigos, pasen unas muy felices pascuas. Un saludo y hasta la próxima.

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