El reino del caballo (Inglaterra)

Durante cuatro días se reparten en Cheltenham casi tres millones y medio de libras en premios y los espectadores apuestan más de un millón de libras en metálico cada jornada

Fuente: www.magazinedigital.com
Por: Sara Sans
Fotos: Ángeles Rodenas

Las carreras de caballos en Cheltenham son las primeras de la temporada en Gran Bretaña, donde este deporte cuenta con muchos aficionados. Es una fiesta centenaria que dura casi una semana, atrae a británicos de todo tipo y aúna caballos purasangre, pamelas, champán y mucho dinero en apuestas. Un día en estas carreras es todo un retrato de sociedad.

Pamelas de todos los tamaños y colores. Bombines. Prismáticos. Mucho champán, mucha cerveza y apuestas millonarias. La temporada de carreras en Gran Bretaña comienza por todo lo alto en Cheltenham, una ciudad balneario de lo más chic. En el hipódromo, se aclama a los caballos y a sus jinetes como a estrellas de rock. Son cuatro días de fiesta y glamur de pura sangre. Este año Cheltenham ha celebrado su centenario.

“En Ascot la victoria depende, en gran medida, de la habilidad del jinete; sin embargo, en Cheltenham el peso recae más en el caballo, en su fuerza, en su velocidad, en su entreno… Hay muchas horas de trabajo detrás de cada carrera y, además, es la primera de la temporada, el primer indicador de cómo van a ir las cosas… “, explica Sarah Hobbs. Ella está profundamente contenta. Su marido es el entrenador de varios de los caballos que compiten hoy y uno de ellos, el Captain Chris, ha ganado la segunda de las siete carreras de la jornada. Acaba de llevarse pues 60.000 euros de premio, muchos aplausos y felicitaciones. Buen comienzo.

Las puertas de Cheltenham han abierto al público a las 10.30 de la mañana. Sin embargo, una hora antes ya había gente esperando. El tráfico en los accesos de Cheltenham y alrededor del hipódromo se colapsa muy pronto. Nadie diría que es el tercer martes de marzo de una semana laboral como cualquier otra. Las carreras duran hasta el viernes, y cada día la entrada supera los 50.000 espectadores. Para el último día, el de la World Cup Day, con la carrera más esperada y mejor dotada, hace tiempo que las entradas se agotaron. Más de 60.000 personas llenarán el hipódromo. “Nos hemos cogido toda la semana de fiesta, lo hacemos cada año”, dice Gail Norman, administrativa.

Su marido trabaja en una inmobiliaria. Viven en Cheltenham. Esta distinguida ciudad, ubicada en las Midlands, el corazón de Inglaterra (a unos 140 kilómetros al oeste de Londres), se hizo popular entre la alta sociedad a finales del siglo XVIII por sus balnearios, frecuentados por Jorge III. Y mantiene ese aura de glamur con sus anchas avenidas, sus casas neoclásicas y, especialmente, por las mansiones que hay en sus alrededores. La Cheltenham Gold Cup es su tarjeta de presentación.

En el hipódromo hay gente de toda Gran Bretaña. Y muchos irlandeses. No en vano, muchos de los caballos que compiten vienen de ese país. Las carreras duran cuatro días, y cada día tiene su leitmotiv. El martes, día de celebración del centenario. Miércoles, Lady’s Day (el día de las pamelas y los vestidos más escandalosos). Jueves, Sant Patrick’s Day. Y viernes, el día de las carreras mejor dotadas y seguramente, la más glamurosa de las jornadas. La Reina Madre fue siempre una incondicional de Cheltenham, y aunque la cita por excelencia de la aristocracia es Ascot, la reina Isabel II también ha asistido a varias ediciones de la Gold Cup. Este año, la presencia real corrió a cargo de Zara Philips, hija de la princesa Ana y, como su madre, una jinete de élite.


Como es martes y toca celebrar los cien años de estas carreras, desde el primer minuto hay música en directo por todo el recinto. Decenas de bandas con vestidos de época recorren el hipódromo. Las instalaciones son enormes, sólo la zona de las carreras (con cinco circuitos diferentes con varios obstáculos) ocupa treinta hectáreas. Desde el minuto uno también se vende comida en centenares de puestos (a escoger entre la sofisticación de los restaurantes, un fish and chips, una hamburguesa o sándwiches). Y, claro, bebida. Preferentemente cerveza, pero las copas de champán también circulan desde primera hora de la mañana (y con más intensidad a medida que pasan las horas). La preparación de la primera carrera arranca a las 12.30. Es todo un ritual. Comienza una hora después, pero el ambiente de fiesta reina desde el momento en que se abren las puertas.

Ellos, con sus trajes y sus corbatas. No importa la edad. Los tejanos están prohibidos. Ellas, impecables. La gente se pasea por las instalaciones y se entretiene en la carpa donde se han instalado más de ochenta tiendas. En esta zona reina el glamour. Quien no luce una pamela es porque no quiere, porque aquí las venden por doquier. También abrigos de piel, pañuelos de seda, bolsos, joyas, caballos de porcelana, completas cestas para un picnic de lujo… La gente se pasea, copa en mano, y algunos ya reservan mesa en los restaurantes del recinto.

Una hora después de la apertura de puertas, el ambiente ya es de fiesta total. El día es soleado, lo que, en este país, desata una euforia generalizada. Y todavía no se ha visto ni un caballo. Los puestos de apuestas ya funcionan a pleno rendimiento. Los hay en todas partes. Apostar en Gran Bretaña es casi un deporte nacional. En primavera en Londres ya hay quien apuesta por si nevará o no el día de Navidad.

“Hombre, venir aquí y no apostar es como ir a un restaurante y no comer…”, dice David Grouse, que es un incondicional de Cheltenham además de trabajar en una de las mayores empresas de apuestas on line, Victor Chandler. Y así es. Todo el mundo apuesta en cada carrera. Ya sean cinco, diez, cien o 2.000 libras. Y aunque van en espectacular aumento las apuestas vía internet, en los 250 puestos para apostar distribuidos por todo el hipódromo se juega en metálico. Y durante el festival se mueve, a diario y en billetes, más de un millón de libras. Mucha fiesta y mucho dinero.

A las 12.30 horas, comienzan los preparativos de la primera carrera. En la zona de los establos, hay una especie de anfiteatro donde asoman los caballos por primera vez. Un speaker presenta a los quince animales. Hay tres nacidos en Gran Bretaña (Rathlin, Cue Card y Marsh Warbler), seis irlandeses, cinco franceses y un alemán, el Spanish Treasure.

El público aplaude. Los periodistas fotografian. Y uno a uno, los caballos guiados por un joven cuidador cruzan las instalaciones hasta el parade ring, donde dan una vuelta de honor. Alrededor, el público mira expectante. En el césped, en el interior de este pequeño circuito ovalado hay algunos vips, los entrenadores, los propietarios de los caballos, sus invitados y muchos periodistas.

Entrar con tejanos en el hipódromo está prohibido. Ellos lucen traje y, muchos, bombín, y ellas, pamelas y tocados para todos los gustos

En la recta final, los caballos van al límite. Fusta en mano, los jinetes apuran todas las fuerzas del animal. Los últimos metros son de vértigo. Y el primero en cruzar la meta es Al Ferof, el caballo que montaba Rubby Walsh, el jinete del día con doble victoria: la primera y la última de las carreras. El hombre que todo el mundo quería entrevistar después de cortarse la cara durante un entrenamiento. Pese a los puntos en la mejilla, dijo que estaría en Cheltenham y cumplió. El público sabe quién es quién. No se apuesta a ciegas. Conoce los jinetes y sus trayectorias, sabe de los caballos. Sabe de la historia del certamen. Sabe que el caballo Best Mate fue el segundo en ganar tres Gold Cups consecutivas en Cheltenham y que, como Golden Miller (un caballo histórico que triunfó en los años treinta), Arkle y Dawn Run, tiene su estatua en el recinto.

Al acabar la carrera, los jinetes emprenden la vuelta al parade ring. El último en salir del circuito es el ganador y es al único a quien todo el mundo aplaude. Los primeros héroes del día –el caballo y el jinete–, seguidos por el entrenador, el propietario y cientos de personas que se suman al paseo por las instalaciones. Por el parade ring sólo desfilarán los tres primeros clasificados. El resto de los animales recupera las fuerzas en una zona un poco más apartada mientras los jinetes ganadores reciben el premio.

Entre carrera y carrera, una copa, quizás un tentempié y, seguro, otra apuesta. La segunda carrera está a punto de comenzar. Desde los reservados ubicados en lo alto de las gradas, la perspectiva es espectacular. Hay muchísima gente tanto en el césped, junto a la última recta, como en las tres grandes gradas, una de ellas, apartada, situada al otro lado del circuito.

“Lo mejor de Cheltenham es que está abierto a todo el mundo”, coinciden muchos. Pero cada cual está en su sitio. Y todos bien contentos. Esto es Gran Bretaña. Esa zona de público sin acceso al parade ring, ni al village, ni a la zona vip tiene su propio acceso. Ver las carreras desde ahí cuesta 20 libras. Y las entradas se agotaron hace meses. Entrar a la otra zona cuesta, como mínimo, el doble, y sube de precio acorde con la exclusividad hasta las 80 libras. Sólo entrar. Alquilar un reservado con balcón privado en lo alto de la grada es opcional. La mayoría están ocupados por empresas que invitan a sus clientes a pasar el día.

En una de ellas está Victor Chandler, el propietario de la empresa de apuestas que lleva su nombre. Tras los caballos, sus propietarios, los jinetes y los entrenadores, el protagonismo de la jornada recae en las empresas de apuestas. En días como estos pueden ganar y perder mucho dinero. Las apuestas telefónicas y las operaciones on line mueven alrededor de 600 millones de libras durante estas carreras. Sin embargo Chandler no parece nervioso. Este es su negocio, no se deja llevar por la euforia y lo está pasando bien: “Certámenes como estos son impresionantes, por el ambiente, por la cantidad de gente que mueve y por la emoción de cada carrera ”, dice.

Comentarios

Temas más visitados

Colores de los Caballos o Pelajes del Equino

Parámetros de Construcción para instalaciones equinas. El ideal constructivo de un instalación equina. Toda explotación equina debe tener una instalación adecuada.

Beneficios del caballo para el ser humano

Estructura ósea de un caballo.

Partes de una silla de montar: armadura, estribera, asiento, faldón y la rodillera o taco.

Castración en el caballo

Avances para el diagnóstico de la Anemia Infecciosa Equina

Habronemosis cutánea en equinos ´´Llagas de verano´´

Alimentos para el caballo