Deshidratación del caballo



¡Debes estar atento de los síntomas que presente tu caballo! 




Descripción:

Todo cuidador deberá ser capaz de reconocer los síntomas que muestran que su caballo está sufriendo un golpe de calor y actuar en consecuencia.

En principio podemos hablar de tres señales claras que demuestran que nuestro caballo está sufriendo a causa del calor:

Temperatura corporal elevada.

Ritmo cardíaco descontrolado 
(lo correcto es de 40 a 50 latidos por minuto).

Respiración acelerada 
(la correcta es de 60 a 80 exhalaciones por minuto): 

una respiración que supere las 120 exhalaciones por minuto supone que el caballo estará intentando bajar su temperatura corporal; en caso de que persista este ritmo transcurridos alrededor de 10 minutos, es un claro síntoma de su incapacidad para regular la temperatura, por lo que se hace necesario que procuremos enfriarlo.

Es muy importante que sepamos cuál es la temperatura habitual de nuestro équido y cuánto suele subir después del trabajo, de tal forma que conozcamos cómo suele reaccionar el animal ante el calor, lo que nos ayudará a determinar si está o no sufriendo por esta causa.

Ante el aumento de calor, lo más habitual es que el caballo aumente el ritmo de su respiración (una reacción natural con la que se intenta enfriar el cerebro, parte más sensible al exceso de calor) y el sudor se incremente (para ayudar a disminuir la temperatura).

Con este incremento de sudor nos encontraremos ante el riesgo de la deshidratación; para advertir cuanto antes este problema existe un sencillo truco, denominado "Test del pliegue de la piel": bastará con pellizcar al animal: si la carne no vuelve con rapidez a su lugar es un claro síntoma de que el caballo está empezando a deshidratarse. Hay que tener en cuenta que cuando se produce este fenómeno la deshidratación ya está avanzada y el caballo habrá perdido un 6% de su líquido corporal, o lo que es lo mismo, unos 30 litros.

La deshidratación provoca que el animal no disponga del líquido suficiente para sudar y, en consecuencia, la temperatura aumentará.
Otro claro síntoma de que el caballo lo está pasando mal a causa del calor son los cambios en su personalidad: puede mostrarse apagado y desganado, sin ganas de hacer nada.
También podremos notar como en ocasiones el animal es sacudido por temblores.

CÓMO ACTUAR

Además de las actuaciones que debemos desarrollar para evitar que los problemas asociados al calor influyan en nuestro animal, conviene saber lo que debemos hacer en caso de que éstos aparezcan.

Así, si observamos un marcado aumento de la temperatura corporal, deberemos optar por dar a nuestro caballo una ducha de agua fría, no lo mojaremos con una esponja (resulta mucho menos eficaz), ni con paños húmedos (que terminarán por darle más calor). Lo más adecuado es echarle directamente el agua fría a chorro, tras mojarlo esperaremos a que se seque un poco y volveremos a repetir la operación, así hasta que la temperatura del animal baje de 38ºC.

Tras la ducha, colocaremos al caballo a la sombra y, a poder ser, en un lugar bien ventilado (en caso de que no dispongamos de este lugar, le podemos poner uno/s ventilador/es).

Existen cuidadores que, ante una elevada subida de la temperatura, optan por colocar bolsas de hielo o paños de agua fría en la cabeza del animal, para evitar la excesiva afluencia de sangre al cerebro.

En caso de que transcurrida media hora el caballo no haya bajado su temperatura corporal, deberemos avisar al veterinario, quien determinará los pasos a seguir en cada caso. 

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