En busca del caballo ideal (2)



Por: Manuel Jiménez Benítez
Ingeniero Agrónomo


Aspectos generales

Si en el anterior artículo, además de exponer nuestra intención en esta “búsqueda del caballo ideal”, nos dedicábamos a señalar los elementos comunes al conjunto de los caballos, es decir sus características grupales o aquello que les iguala entre sí, ahora introduciremos, para desarrollarlos posteriormente, los aspectos en que se producen diferencias entre unos y otros, los que propiamente constituyen los elementos para su evaluación

 Fuentes de variación

Al igual que hacemos esfuerzos para agrupar o encuadrar lo mejor posible a los animales, lo que es función de la sistemática zoológica y etnológica, también nos esforzamos en encontrar las diferencias, dar un valor a éstas y explicar sus causas: es el objeto de la valoración individual.

Hay diferentes razones para explicar las causas de las diferencias que encontramos entre unos animales y otros. Debemos aprender a diferenciar las variaciones que tienen una causa sistemática de las que obedecen a la natural variabilidad que hay entre los individuos.

De alguna forma podríamos decir que habría que aprender a clasificar las variaciones según su origen. Así se podría establecer el siguiente esquema: Variaciones entre dos individuos

A - Por causas sistemáticas

• 1 * Edad y desarrollo

• 2 * Sexo

• 3 * Raza

• 4 * Ganadería u origen


B - Por causas individuales

• 1 *Genotípica

• 2 *Fenotípica

• - Estado corporal

• - Estado de entrenamiento

• - Otros

Aunque cualquier variación o diferencia entre dos individuos-caballos se puede concluir que se debe a causas individuales, aquí nos referimos al hablar de causas individuales a las que quedan después de haber eliminado los efectos de la edad, el sexo, la raza,...

Estudiaremos tanto A como B, pero insistiremos en la necesidad de diferenciar las variaciones que se deben a unas u otras causas. Así podremos estar en condiciones de evaluar realmente a los animales. En los próximos capítulos trataremos de acercarnos a los principios de la estructura animal a través del estudio de sus sistemas óseo y muscular, de su exterior, de las diferentes razas y sus orígenes y de la valoración individual según aptitudes. Sin embargo ahora le dedicaremos unas líneas a tres aspectos que debemos tener en cuenta cuando valoremos un animal para poder separar correctamente su influencia de la más propiamente inherente al animal: el SEXO, la fase de CRECIMIENTO o DESARROLLO en que se encuentre el animal y su ESTADO CORPORAL.

El sexo

El caballo pertenece a una especie en la que existe un cierto dimorfismo sexual, si bien no es tan marcado o intenso como en otras (bovinos, ovinos, caprinos,...). En muchas ocasiones no es fácil distinguir de lejos al macho de la hembra, lo que no ocurre, por ejemplo, entre el toro y la vaca, en los cuales cabeza y encornadura son muy representativos del sexo, en la mayoría de las razas.

Aunque podemos hablar, por tanto, de un dimorfismo sexual mediano, existe alguna variación también según razas en este aspecto.

En general podemos señalar que las principales diferencias en la morfología o exterior de caballos y yeguas se encuentran en la cabeza, el cuello y la grupa, además de las propiamente inherentes al sexo (genitales y mamas). La cabeza y el cuello del caballo son más voluminosos que los de la yegua, y las crines y tupé del primero más abundantes. Cuando se trata de razas de perfiles convexos o subconvexos esta característica aparece más acentuada en los machos.

Por otro lado la grupa es, de media y comparativamente con su tamaño general, más ancha en las yeguas que en los machos; la cola más abundante en los caballos. En su conjunto el caballo presenta un mayor tamaño corporal que la hembra equivalente.

Crecimiento y desarrollo

Es indudable que la variación que se produce con el transcurso del crecimiento y desarrollo de los animales es considerable. Hay distintos estudios que establecen las relaciones entre las dimensiones de los animales según sus edades y señalan las diferencias desde el nacimiento hasta la madurez. Cuando hablemos de dimensiones y sus incrementos con el tiempo estaremos hablando de CRECIMIENTO. Cuando lo hagamos de los cambios que se van produciendo en los animales en su estructura, proporción de tejidos,… estaremos hablando de DESARROLLO. Así los equinos, en general, al nacer tienen un 60% de la alzada final y un 10% del peso adulto. A medida que van creciendo se van desarrollando sus diferentes tejidos teniendo primero un mayor desarrollo el esqueleto, después el tejido muscular y posteriormente el adiposo.

La curva que marca el crecimiento varía según la raza, el sexo, la alimentación y las condiciones ambientales o de cría. Según Moyano, citando a Lesbre, las dimensiones de partida (al nacimiento) respecto a las de adulto son aproximadamente las siguientes:

• Longitud de la cabeza 52%

• Alzada a la cruz 57%

• Longitud esc.-isquial 45%

• Alt. Del pecho 43%

• Dist. Suelo-esternón 75%

• Perímetro del tórax 40%

• Longitud de la espalda 30%

• Húmero 55%

• Radio 60%

• Caña anterior 90%

• Fémur 56%


• Tibia 60%


• Caña posterior 88%


• Anchura grupa 30%


Las pautas de crecimiento para la alzada a la cruz y la longitud escápulo isquial, según Berner (1989), serían: Esto nos indica que el potro es comparativamente alto y corto al nacer. Después se va alargando. A la edad de 18 meses aproximadamente el alargamiento de los huesos se ve muy desacelerado a favor del aumento de su espesor y de su consolidación, al tiempo que aumentan las anchuras del caballo, quedando para el final el desarrollo de las apófisis vertebrales, que entre otras cosas marcan la cruz.


Hemos hecho una referencia antes a la influencia de determinadas variables sobre el crecimiento. A este respecto habría que indicar en cuanto a las razas que el pura sangre inglés es muy precoz, siguiendo las razas consideradas de aptitud silla y quedando como más tardías las razas pesadas.


En cuanto al sexo hay que decir que las hembras disminuyen su crecimiento antes que los machos, siendo bastante reducido después de la pubertad, y que su peso final es de un 10% menos que en los machos aproximadamente.


En lo relativo al desarrollo recogemos a continuación unas cifras muy indicativas extraídas de Martín-Rosset W. (INRA) de la composición de los tejidos a distintas edades:


Una correcta alimentación y un buen manejo van a tener gran influencia en el crecimiento y desarrollo de los animales. Bien es verdad que existe la posibilidad de crecimientos compensatorios tras períodos de carencia, pero estos crecimientos son bastante reducidos durante el primer año de vida, en el que el animal se juega gran parte de su potencial. Es importante durante ese período las condiciones en que se desenvuelven los animales, siendo del mayor interés el espacio libre y el pastoreo para que el crecimiento y desarrollo sean equilibrados y los adecuados a un atleta como es el caballo. La alimentación equilibrada en calcio y fósforo (relación 1.5-2/1) junto a la vitamina D tiene un papel clave en el buen desarrollo óseo y previenen la aparición de problemas como la epifisitis, los tendones retraídos y otras deformaciones, y evitan el raquitismo. Hay que prestar mucha atención también a los aportes proteicos ya que un exceso de éstos puede contribuir también a originar deformaciones. Por otro lado un desequilibrio o deficiencia en los aminoácidos puede provocar que no se presente todo el potencial de crecimiento y desarrollo del animal.


El estado corporal y la alimentación


Como ya hemos comentado anteriormente la expresión de lo que el caballo es, es decir su fenotipo, viene condicionado por su genotipo y por el medio en que se desenvuelve. En éste influye sobre todo el aspecto de la alimentación. No en vano el refrán dice “dame gordura y te daré hermosura”. El estado corporal del caballo por su alimentación da una gran parte de su imagen.


El estado corporal del caballo indica el nivel de gordura del animal y se suele utilizar en general en la alimentación para adecuar el racionamiento. Se puede evaluar a través de la vista o del tacto (éste a nivel de la 10-14 costilla, comprobando la extensión del tejido adiposo subcutáneo, y su espesor y consistencia, con movimiento circular de los dedos). El estado corporal se puntúa de 0 a 5 de la siguiente forma:


• 0 Demasiado


• 1 muy flaco - flaco


• 2 insuficiente


• 3 óptimo


• 4 gordo - muy gordo


• 5 obeso


Con independencia del estado corporal general del caballo también hay aspectos de la alimentación que pueden influir en su aspecto, en especial los que se derivan de los desequilibrios en minerales y vitaminas, sin detrimento de la influencia que esto mismo puede tener en el crecimiento y desarrollo del animal. Así el cinc tiene influencia en el aspecto de la piel, pudiendo su insuficiencia presentar mal aspecto y descamaciones. La biotina tiene importantes efectos en los cascos y su deficiencia puede provocar desmoronamiento.


Por otro lado hay algunos otros aspectos más o menos relacionados con la alimentación o con el estado fisiológico en que se encuentren los animales que afectan a su aspecto exterior. Baste a título de ejemplo recordar como afectan las estaciones del año al brillo del animal, que se manifiesta con todo su lustre en la primavera mientras en invierno muestra mucho más pelo o éste está más levantado. No cabe duda que en gran parte se debe al nivel nutritivo, pero las temperaturas también desempeñan su papel. El nivel de parasitismo también se señala marcadamente en el exterior y, cuando es elevado, muestra determinadas zonas del cuerpo en que el pelo es mucho más persistente. Tanto los aspectos nutritivos como los fisiológicos, la edad, las condiciones sexuales y la excitabilidad,... afectan a las impresiones que los caballos nos pueden producir cuando los estemos observando y queriendo evaluarlos, no debiendo unas condiciones enmascarar a otras, para lo cual deberemos ir desarrollando una buena capacidad de segregación de las distintas causas de la variación que aparece ante nuestros ojos.

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