El Zen de los Caballos

Por: Tatiana Muñoz
Hace poco descubrí que una manera de saber quién eres es mirarte en un precioso espejo llamado caballo.
Los caballos están en un estado de Atención Plena, y no sólo de concentración. Perciben lo que sucede a su alrededor en un radio de casi 360 grados. Son asombrosamente receptivos y mantienen un estado vigilante y relajado. El caballo vive el Aquí y Ahora, sin racionalizar, sin proyectar. ¿Puede existir un mejor maestro para la vida zen?
Parecernos más a los caballos puede convertirnos en seres más completos, más capacitados para relacionarnos sanamente con los demás. ¿Por qué? Porque los caballos nunca mienten y es inutil fingir frente a ellos. Son sensibles a nuestras dudas y flaquezas, las reflejan, y por ello nos ayudan a superarlas. Los caballos son fieles espejos de nuestras sombras, y con ellos y su feedback podemos observarlas, atravesarlas e integrarlas.
Abre tu mente y deja el caballo te enseñe a comunicarte con profundidad y transparencia. Ellos no separan sus sentimientos de sus actos como los humanos, que hemos desarrollado desde la infancia la habilidad de mentir y mentirnos como herramienta de supervivencia social. Un recurso que nos aleja de nuestro Ser, cuando deja de ser un acto voluntario y se convierte en un condicionamiento, en un automatismo donde nos perdemos.
Caballo 2
El caballo no quiere ni entiende las ambigüedades. El caballo te pide que estés sereno y confiado; coherente, fuerte y compasivo; es decir, que des lo mejor de tí mismo. No sirve aparentar la confianza o el control. Ha de ser verdad.
El caballo nos pide Presencia. Sólo confiará en nosotros si nos comunicamos desde allí. Es importante respirar profundamente, sentir nuestro cuerpo para relacionarnos con estos mágicos animales. Desde esa presencia podremos escuchar su lenguaje extenso, rico y sutil, podremos entenderlo desde nuestra empatía, y responderlo desde nuestra fuerza, desde nuestro Poder.
Con los caballos tomamos contacto con los sentimientos de empatía y de control y dominación.
¿Es igual para hombres y para mujeres? Quizá las mujeres se sienten más cómodas desde la empatía y la afectividad, pero ¿qué ocurre cuando han de conectar con sus sentimientos de dominación? ¿se pueden sentir crueles? ¿están cómodas?Y los hombres generalmente conectan más con sus sentimientos para poner los límites, para ser firmes, ¿pueden a la vez escuchar los sutiles mensajes del caballo que te invitan a regular esa dominación y a soltar? Cada sexo, y cada persona tiene unos puntos fuertes y otros más débiles, y el caballo nos los muestra, porque ante estos seres es necesario bailar entre la dulzura y la fuerza. El trato con el caballo nos ayuda a unir ambos polos: dominación y afectividad.
Caballo espejoEl caballo pide autoridad en nosotros y no sólo afecto. Pide un equilibrio ying-yang, pide la unión de los opuestos, la integración de la dualidad.
Para los caballos los sentimientos de dominación no son crueles, puesto que en estado salvaje los caballos dominan y controlan entre ellos. Es necesario. Estos animales no tienen el “ego” humano. Valoran a la manada, por ello el caballo que pierde frente a otro caballo dominante no es una “víctima”. El perdedor se somete a un caballo más fuerte que cuidará de él. Después de los enfrentamientos viven pacíficamente juntos en la manada.
Ellos saben que pueden encontrarse con depredadores. Nosotros sabemos que en la vida hay estrés. Con ellos comprendemos que la clave del éxito reside en aceptar ese estrés. Si nos gusta nuestra vida, el lugar en el que estamos y lo que hacemos, el estrés nos vigoriza e inspira.
El estrés no desaparece, hemos de aprender cómo convivir y enfrentarnos a él, como asumirlo positivamente, con confianza y perseverancia.
La terapia asistida con caballos nos ayuda a desarrollar esos recursos gracias a uncambio de nuestro nivel de conciencia. Frente al caballo nuestro cuerpo y mente están en el aquí y ahora, en alerta relajada a los mensajes que nos envía el caballo para poder responder a ellos. Y desde nuestra alma hemos de proyectar un aura de serenidad, fuerza y clara determinación.
Trabajamos la humildad, la observación de nuestro ego, de nuestras identificaciones. Hemos de admitir nuestros errores, observar que no somos lo que deseamos, que nos queda por aprender, y acoger esa imperfección en nuestro corazón. Aprendemos amarnos de modo incondicional, y desde ese Amor intenso y compasivo soltamos lo que no necesitamos y nos abrimos a un futuro cargado de novedades y regalos, conectando con nuestro valor y nuestro coraje.
Inspirado en el libro “La magia de susurrar a los caballos” de Chris Irwin

Caballo y Yegua en la Equitación, Western, Coleo, De Paso, Polo...

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