Triste destino, los caballos argentinos

Caballos criollos, protagonistas de la vida campera argentina

Que la patria se hizo a caballo es una frase conocida en nuestro país, que alude ante todo a las guerras civiles del siglo XIX, pero también a la función del caballo en la producción agropecuaria. Por eso el caballo fue visto siempre como un amigo, un aliado, una noble herramienta, nunca como una fuente de alimento como las vacas, por ejemplo.

Los argentinos son carnívoros como pocos otros pueblos, seguramente debido a la pampa que criaba vacas sin casi esfuerzo humano y generaba rebaños al parecer interminables, a los que no había sino que echar mano para obtener carne.
“Se te ha negado la tierra, porque a vos no te enterraron.
Se apuraron a vender tu carne de buen caballo.
Vine a ponerte una cruz de estrellas que he fabricado;
pero . . .no encontré el lugar, porque a vos no te enterraron”.
(“Poema al Euzko”, de Ana Chela Gentile).
Para trabajar con los rebaños el caballo era el instrumento del gaucho, al que no se le ocurría darle el mismo trato que a las vacas; al contrario, estaba orgulloso de su flete, que le permitía hazañas en competencia con otros o huidas épicas de las partidas policiales.
Pero el triunfo del capitalismo arrinconó a las vacas en los feed lod para hacer lugar a la soja, le quitó al caballo buena parte de su importancia histórica y mandó al recuerdo su significado militar.
El negocio de los caballos
Ahora, hay argentinos del siglo XXI que en otro tiempo y con otra mentalidad han hecho de la venta de carne de caballo un negocio, pero al estilo actual: en negro, fuera de la ley, muy rentable y casi mafioso.
Hasta donde alcanza la legalidad en este terreno, los datos indican que en 2010 la Argentina exportó 23.880 toneladas de carne equina, por 75 millones de dólares. El destino de los caballos argentinos hechos fiambre fue Rusia (la mitad del total), Holanda, Francia, Italia, Japón, Bélgica y Alemania.
Para los acostumbrados a comer carne de caballo es más saludable, tiene menos colesterol que la carne vacuna, alto contenido de hierro y no padece aftosa.
Si bien la existencia de frigoríficos de caballo y de burro es de vieja data, el negocio empezó a ser interesante en 1995 y en ese año se promulgó la ley regulatoria de la actividad, año en el que se promulgó una ley que reguló la faena de equinos, prohibida antes.
Algunos atisbos de lo que vendría había en el siglo XIX cuando se enviaba al África la cola de los caballos a cambio de esclavos de Guinea para Buenos Aires. El cuerpo se vendía a Europa y con la grasa se hacían velas y jabones. Luego la carne se mezcló con la de vaca y de cerdo para producir algunos embutidos, sobre todo mortadela.
Por ahora el negocio está bastante por debajo de los tradicionales con base agropecuaria. Hay dos millones de caballos registrados en la Argentina. La venta de carne al exterior rindió 75 millones anuales, pero la de vaca mil millones y la de soja 17.000 millones
Consumo interno de carne de caballo no hay, pero se faenan casi 200.000 caballos por año, que producen 55.000 toneladas.
En nuestro país no se crían caballos para el matadero, se compran caballos viejos que sus dueños no quieren más, algunos de polo o más sencillamente se roban de los campos los caballos de trabajo, que van a parar al frigorífico donde los dueños no sueles reclamarlos porque no quieren correr riesgos.
Menem lo hizo
La fatídica era neoliberal que nos dejó patilludos a todos creó también el negocio de exportación de caballos en pie para los mataderos de Europa. Menem lo hizo cuando firmó el decreto que autoriza la faena de equinos de cualquier edad y para cualquier destino.
Ese decreto neoliberal abrió el camino para el robo de caballos que se extiende como la peste por los campos. El ingenio argentino hizo que los acopiadores que necesitan habilitación de los duelos para mandar caballos al matadero sean los mismos que manejan los robos: con una guía alcanza y sobra para santificar el negocio.
Los caballos son nativos de América, pero se extinguieron en nuestro continente mucho antes de la llegada de los europeos a fines del siglo XV. Los invasores, desde Colón en adelante, los reintrodujeron en América desde Europa, donde habían llegado con los jinetes árabes, que posiblemente los tomaron de los grandes jinetes del mundo: los nómades de las estepas del Asia Central.
En las pampas argentinas es más cierto que en ninguna otra parte el verso de Antonio Machado: siempre rimarán al potro y la llanura. Así lo sintieron y lo vivieron los gauchos y sobre todo los indígenas. Primero para los originarios el caballo era un ser temible, incomprensible, que en ocasiones entendían que era uno con su jinete.
Luego se acercaron a él, lo conocieron, lo domesticaron con suavidad y tacto, no mediante la brutal “doma” que se ofrece en las jineteadas. Y terminaron siendo los mejores jinetes. Todo lo hacían hasta caballo, incluso parir sus hijos las mujeres. También sabían hacer una incisión en una arteria para beber la sangre sin provocar una hemorragia que afectara al animal.
En 1968 una estadística oficial da cuenta de 23 plantas procesadoras de carne de caballo donde mataban más de 400.000 animales por año, casi 86.000 toneladas.
Hoy hay declaradas y reconocidas tres plantas faenadores habilitadas por el Senasa para la exportación y autorizadas por la Unión Europea
La carne de caballo tiene bajo contenido en grasas, es aceitosa amarillenta con elevado porcentaje de triglicéridos de ácido oleico, muy digestible y algo dulce por su mucho contenido de glucógeno.
Un patriota chileno escribió la cárcel en tiempos de O Higgins, en Santiago, que los criollos de América se beneficiaron tanto con la revolución contra España como los caballos que cargaron contra los realistas en Chacabuco y Maipú. En línea con aquella otra inscripción que por la misma época y por parecidas razones apareció en un muro de Quito, Ecuador: “Ultimo día del despotismo y primero de lo mismo”.
Ya entonces, aunque solo como ejemplo, aquel patriota chileno sabía que la independencia era para pocos y que el destino de los caballos eran el matadero, de la guerra o del frigorífico.
Los caballos argentinos, descendientes de los que hicieron la patria en la guerra y luego con el arado o el rodeo, viajan a encontrar su destino en Europa convertidos en cuartos delanteros, cuartos pistola, nalga de adentro, cuadril y lomos, a razón de 1300 dólares la tonelada a valores de 2002.
Entre Ríos, donde hay un conocido frigorífico en Gualeguay, participa con el 13% del total argentino. El 54 por ciento es para Buenos Aires y el 31 por ciento para Córdoba.
Los firigoríficos habilitados son cinco: en Uriburu, Buenos Aires; Entre Ríos SA en Gualeguay; Aimar en Río Cuarto, Córdoba; Indio Pampa en Trenque Lauquen, Buenos Aires) y Lamar, en Mercedes, Buenos Aires.
Cuatreros de caballos
Del libro “Malcomidos” de la periodista Saledad Barruti, tomamos partes de un reportaje a un ex veterinario de la policía de Buenos Aires, Alfredo Saporiti.
“El cuatretismo en Buenos Aires funciona por redes distribuidas en zonas liberadas (…) Los cuatreros que roban caballos trabajan para los acopiadores, que son las personas que están autorizadas por la ley a proveer caballos a los frigoríficos.
El negocio de los caballos está equilibrado con una dosis justa de legalidad que permite vender caballos al mundo. Si yo tengo una tropílla de caballos y los quiero mandar al matadero, no lo puedo hacer directamente; se los tengo que vender a un acopiador que los tiene que tener cinco días en el campo (…) El cuatrero trabaja por células. Si vos y yo somos cuatreros, nos turnamos: yo voy a robar a tu sección y te dejo robar en la mía. Es un sistema de inteligencia delictiva que funciona. Saporiti afirma que hay veterinarios que venden libretas sanitarias firmadas en blanco para que el cuatrero las vaya llenando mientras roba.
Saporiti dejó su trabajo un día en que con compañeros estaba vigilando a un “capocuatrero”, al que miraban con largavistas desde 600 metros y cotejaban datos de los caballos que veían. Cuando tuvieron datos como para “entrarle” lo que vieron fue al jefe de la policía rural que llegaba a tomar mate con el cuatrero jefe…
De la Redacción de AIM

Caballo y Yegua en la Equitación, Western, Coleo, De Paso, Polo...

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