Amansa caballo en menos de 4 horas


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El Heraldo de Chihuahua
Chihuahua, Chih.-

El potro fue salvajemente tratado; lo amarraron con fuerza, y estirando sus miembros casi hasta el rompimiento le aseguraron la cabeza para que no lanzara mordidas. Sin anestesia fue castrado y el dolor lo hizo romper las amarras y tumbar a los mozos y al caporal que hacían tan ingrata labor.

Casi se rompe una pata en el forcejeo, se peló pal'monte y no había forma de que nadie se le acercara, se volvió "matrero", peligroso en extremo.

Hoy, Martín Ochoteco, el domador argentino, lo acaricia, con pasos de confianza ya hasta logró amarrarle un lazo al cuello. Inició la doma a las 8:30 de la mañana, y a las doce del día ya se dejaba acariciar. Esa es la doma sin violencia.

No hay un método o un itinerario marcado para quienes quisieron tomar la clínica de la "Doma sin violencia" que imparte el argentino, quien se ha vuelto toda una celebridad gracias a su programa que se transmite por Nat-Geo.

"Martín explica en la práctica, porque con él no hay nada teórico, los pasos que deben de seguirse con cada caballo, el lenguaje corporal del animal y cómo suavizar el acercamiento del que lo va a domar", explica Martha Flores Uranga, organizadora de esta clínica para jinetes y especialistas.

Martín nació en Ameghino, un pueblito al noroeste de la provincia de Buenos Aires. Su proceso de doma está basado en la comunicación y en hacer sentir cómodo al animal para lograr un vínculo de confianza.

Uno de los espectadores de la clínica sostiene que es increíble el avance que el domador logró con el cuadrúpedo en tan sólo unas horas. "Ese caballo es un matrero, es un verdadero asesino, lo traumatizaron, y en cuanto ve gente que se le acerca se vuelve loco; no se le podía uno acercar ni a diez metros de distancia para cuando salía corriendo como loco o se paraba de manos para atacar. Fue bien difícil bajarlo del cerro", detalla.

Mientras tanto, Martín, con voz suave, tranquila, primero utilizando un palo largo que en el otro extremo tenía un trapo de franela amarrado, lo pasaba por el lomo, las ancas, las crines, las tablillas y el cuello del animal, para después irse acercando poco a poco y pasar las manos en caricias suaves, tranquilizadoras.

Después, con una reata, que utilizaba para acariciar al caballo, poco a poco, hasta llegar a pasarla por la crin del animal, que cada tanto tiraba coces y trataba de escapar de su encierro, pero el domador con tranquilidad lo calmaba y de nueva cuenta iniciaba todo el proceso, hasta llevar al caballo a morder la soga. "Hay que dejarlo que la saboree, que huela, que le pierda el miedo, que vea él que no lo vamos a lastimar", explica al grupo de cerca de 50 personas que lo ven trabajar con calma.

La clínica se impartió en la Arena Club del Fresno, un lugar a donde se puede ir a pasear a caballo, a recibir clases de equitación y también Equinoterapia; es todo un espectáculo ver cómo un hombre logra establecer un vínculo de comunicación con una bestia, con un animal que había sido traumatizado, que tenía, y con justicia, terror del ser humano, y en cuatro horas Martín Ochoteco ya le daba de comer en su mano y le acariciaba las crines.

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