La crisis de los caballos

Uno de los caballos desnutridos encontrados en Okondo.




         Uno de los caballos desnutridos encontrados en Okondo. / E.C.

Fuente: elcorreo.com
JULIA FERNÁNDEZ

Mantener un equino no es barato. Tener un ejemplar en un picadero puede costar hasta 500 euros. Con la recesión económica, tener uno en propiedad ha dejado de ser un negocio para convertirse en una carga. Y mientras tanto, los casos de abandono se multiplican

Iron Butterfly se mueve tranquila por la cuadra. Es una hermosa yegua alazana de doce años. Vive en Getxo, cerca de Aizkorri, en un picadero donde la cuidan y alimentan como a una reina. Su dueña es Teresa, una joven vizcaína que la tiene desde que el animal tenía un año. Ahora, "ya es una adulta", explica. Dos veces por semana acude al centro para estar con Iron, que es como la llaman abreviadamente en casa, y montarla: "Cuando era una potrilla iba seis y porque un día cerraban".
Un final feliz

La estampa de este hermoso ejemplar cruzado dista mucho de los que la Ertzaintza rescató hace unos días en una estabulación de Okondo, en Álava, o de los que antes se hallaron en un terreno de Gordexola, en Bizkaia. En ambos lugares, los equinos se hacinaban en condiciones lamentables. Algunos incluso habían muerto por hambre o por enfermedad. Parece ser que los dueños eran los mismos: tres socios, uno de ellos propietario de una hípica.


Uno de los potros muertos en Gordexola. / E.C.

Según relatan quienes los vieron, los animales estaban en un estado de completo abandono. No tenían ni comida ni bebida. En Gordexola, en el entorno del caserío Aretxederra, cuando la Diputación de Bizkaia intervino se hizo cargo de diez reses de carne en estado de desnutrición, algunos, potros de escasos meses. Por el suelo se esparcían restos de cadáveres. En total, se contabilizaron hasta ocho. De los que sobrevivieron, dos más perdieron la vida poco después de ser trasladados al centro foral donde reciben cuidados ahora, en Güeñes. Y otros dos podrían haber muerto en los días posteriores, según Ana Moreno, encargada del caso y del grupo de trabajo de animales en Equo Euskadi.

En Okondo, la situación no era mucho mejor. En las instalaciones de la hípica Cobar había 38 equinos (caballos de monta, ponis y burros) en un estado penoso, tal y como se podía ver en las imágenes que recibió la protectora APA SOS y que puso en conocimiento de la Ertzaintza. Cuatro yacían muertos. También se encontraron cinco perros que luchaban por sobrevivir. En un primer momento, los propietarios respondieron al requerimiento de la Diputación de Álava. Sin embargo y tras acudir cada día a ver si mejoraban las condiciones, la entidad foral se hizo cargo de los animales. "Lo hicimos en cuanto constatamos que no se hacían cargo", apunta un portavoz, que ataja así las criticas por la tardanza -pasó cerca de una semana- a la hora de requisar los animales.

De negocio a gasto

Son dos casos extremos y recientes de abandono de caballos. Con la crisis, estos animales que antes se veían "como un negocio" se han convertido "en una carga" explica Rafael Gómez, fundador -junto a su mujer, María Dolores Pérez- de la Asociación Winston, una entidad sin ánimo de lucro que trata de recuperar equinos maltratados y darlos en adopción desde su finca de Ávila. Sus dueños ya no obtienen los beneficios de antes: el margen de ganancia se ha reducido, a veces, hasta convertirse en números rojos.

Al mismo tiempo, ha crecido el número de reses intervenidas en mal estado en España. Solo en este año ha habido casos en Galicia, Sevilla, Madrid, Albacete... El penúltimo caso se produjo en una finca de Jarilla, en Cáceres, y saltó a las páginas de los periódicos porque su principal protagonista era un famoso equino. Se trataba de Cervantino, un fino ejemplar blanco, protagonista de las intrigas de las series de televisión 'Águila roja' y 'Tierra de lobos'.


'Cervantino', el caballo de 'Águila Roja', yace muerto. / E.C.

Mantener un caballo como los que se encontraron en Okondo, destinados a la monta, no es barato. Sobre todo si el dueño no tiene una finca propia y tiene que dejarlo en algún centro destinado al pupilaje, una situación muy habitual. "Puede llegar a costar hasta 500 euros mensuales", reconoce Teresa. El precio varía en función de los servicios de cada centro. Según la joven, cuanto más caro es, más seguro se puede estar de a qué horas se limpia el establo y se alimenta al animal, así como de qué cantidad de heno y pienso ingiere, un dato muy importante teniendo en cuenta lo delicados que son estos animales.

El precio también incluiría el uso de las instalaciones y la vigilancia de la salud del animal. Ante cualquier problema grave, los centros suelen avisar a los dueños y, en algunos casos, administrarle el tratamiento veterinario de forma inminente, si es necesario. Aunque eso depende, "hay propietarios que prefieren que lo haga su profesional de confianza", explica Jesús García. Él es el gerente del Centro Hípico de Okondo, situado a un kilómetro escaso de la hípica Cobar. En la actualidad, sus instalaciones acogen a 32 caballos. 18 de ellos son propios y se emplean en los cursos de monta, en los paseos, etc. El resto, catorce, "son de pupilaje".

La comida, su punto débil

Tener a un animal en el Centro Hípico de Okondo cuesta 250 euros al mes, una tarifa que lleva "congelada algunos años" por las dificultades económicas que vivimos. "Algunos dueños vienen a diario. Otros, cuando tienen tiempo libre", explica García. Pero pasen los días que pasen entre visitas, al animal no le falta nunca de nada. Da igual "si es viernes por la noche o domingo por la tarde". No hay horas ni festivos que valgan. "Si ves a un caballo pachucho el viernes por la noche, lo mismo tienes que quedarte a dormir", resume.
20% Es el porcentaje del total de caballos que son de monta

En Bizkaia, había 1.123 estabulaciones de ganado equino en las que vivían 8.614 cabezas en 2004.

En Álava, había 729 explotaciones y 5.593 resesen ese mismo año.

Porque además de bonitos, estos animales son muy sensibles y sus cuidados necesitan de una respuesta milimétrica. Sobre todo los que afectan a su sistema digestivo, su auténtico talón de Aquiles. "No pueden vomitar, así que sufren cólicos que les pueden producir la muerte", ratifica Teresa, que hace unos años participaban con su yegua en concursos de doma clásica y salto, aunque hace algún tiempo que ya no lo hace. De ahí que necesiten recibir la cantidad y calidad de comida adecuada a su peso y actividad.

Un caballo pequeño, de unos 400 kilos, por ejemplo, debe comer 10 kilos entre pienso y forraje, aunque en esto influye qué hace durante el día: a más movimiento, más alimento. También necesitan tener mucho agua. En Gordexola y Okondo, algunos de los ejemplares estaban "consumidos" y en estado de "caquexia". Por eso, ahora que ya están en buenas manos -los primeros en un centro foral en Güeñes, los segundos en una protectora navarra, un centro hípico alavés y dos granjas-, los cuidados se centran en alimentarlos y en darles el tratamiento farmacológico que necesiten, si es que sufrían algún tipo de virus.

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